sábado, 8 de abril de 2017

Un gatito en tu vida

Siempre recuerda que era un sábado por la mañana. El sol en la cara, el dolor de cabeza, la resaca, el enojo lo habían despertado, y también el maullido constante de un gatito. Salió a la vereda y ahí estaba, gris y flaco, sobre una pila de escombros, maullando sin parar la ausencia de la gata que lo parió, el hambre y la soledad. Lo alzó, haciéndolo ronronear; después lo levantó por encima de la cabeza y lo arrojó con fuerza contra los escombros. Ya no ronroneaba, boqueaba sin respirar. Lo pateó lo más lejos posible y volvió a la cama, con el silencio y el sueño recuperados. Desde entonces, llora a su gatito todos los días.


PRÓLOGO

aquí estamos en un café cualquiera parloteando como tontos sobre casi nada en realidad sobre las cosas que no son del todo alegre...