martes, 12 de diciembre de 2017

DEPARTAMENTO EN VENTA

· dormitorio
colchón en el piso
se despierta en la penumbra
madrugada o crepúsculo, da lo mismo
· sala amplia
tropieza con cosas, con viejas fotos:
ellas casi indistinguibles y eternamente jóvenes
congeladas:
felicidades muertas
· cocina totalmente equipada
pila de platos mugrientos
cucarachas que se esconden
sombras fugaces
que sólo se alcanzan a ver
de reojo
hornalla equivocada
olor a gas
no hay fósforos
encendedor descargado
chispa
más olor a gas
café instantáneo enfriándose
· baño
espejo mostrando un anciano
bañadera con sarro
agua no lo bastante caliente
llora bajo la ducha
vieja costumbre
de cuando no quería que lo oigan
ahora no hay nadie que oiga
· vestidor
se pone la ropa de ayer
· cochera
sale en el auto
hará lo previsto
· desierto
secarse al sol
como esos pieles rojas
· tratar con el portero

lunes, 13 de noviembre de 2017

VIAJE

Te toca el asiento de la ventanilla. Los otros pasajeros sin cara se acomodan; afuera, gente también sin cara que hace chau con la mano, algunos miran el reloj, otros están metidos en su celular o se van antes de tiempo sin mirar atrás. 

La puerta se cierra con un soplido, el ómnibus arranca, sale de la estación, acelera pasando por suburbios cada vez más mediocres y dispersos. Alcanzás a ver carteles que no significan nada.

Las casas se van espaciando y, poco a poco, el olor a campo se empieza a sentir, a pesar de las ventanillas cerradas.

Cada tanto un rancho, chicos jugando afuera, perros, gallinas. Pensás: ahí, bajarme ahí. Pensás: algo, cualquier cosa, pedirles trabajo sólo por la comida.

Aparecen sierras a los costados de la ruta, cada vez más altas y bellas, con esporádicas apariciones del sol que agoniza. Imaginás que cada una de ellas te llama, te dice algo que deberías entender.  ¿Subirte a cada una? ¿Fumar en una ladera hasta que se haga de noche? ¿Arrodillarte en la cima de alguna y llorar nuevamente lo que ya lloraste de sobra?

Rincones muy solitarios se suceden uno tras otro y volvés a pensar quedarme ahí, acostarme boca abajo sobre el pasto, morirme y que nadie me encuentre.

Sierras, sierras, sierras, también bosques y pensás en vagar entre los árboles, acariciarles la corteza como si fueran tus amigos.

¿Pueden acariciar los fantasmas? 

¿Cuántas horas pasaron? ¿Dónde, cuándo fue que me subí?

Las sierras se alejan, se achican en el crepúsculo.

Porque ómnibus como éste siempre terminan llegando.

Desacelera, vuelven a aparecer suburbios, talleres mecánicos y carteles incomprensibles.

Y es nuevamente una ciudad justo cuando las luces de la noche empiezan a encenderse.

A través del vidrio, con esa visión sesgada que sólo las ventanillas de los ómnibus permiten, se dibuja la estructura de una estación terminal.


Nadie te espera.

miércoles, 9 de agosto de 2017

PRÓLOGO

aquí estamos parloteando atontados sobre casi nada en realidad las cosas que no son del todo alegremente asustados evitando lo que los ojos no pueden no quieren esconder nuestras manos casualmente cerca y lejos ya rendidos a ese frío ese fuego ese abrigo esa miel que nos libera nos encierra esperando buscando el momento en que el abrazo se derrama desde la mirada desde el café desde el vaso de agua desde los rayos de sol que se apoyan en la mesa

sábado, 29 de julio de 2017

TANGO SAFARI

Algunos músicos de la orquesta típica hicieron desganadas averiguaciones y así se supo que el cantor engominado se había ido a vivir con los elefantes.

Sabía que deambulaban en grupos liderados por matriarcas. Sabía que eran desconfiados, peligrosos y hostiles, pero así y todo se las ingenió para quedarse con ellos. Primero, siguiéndolos desde lejos; luego, poco a poco, acercándose al grupo hasta integrarse, de alguna manera. Lo toleraron como a veces toleramos un perro que nos sigue por la calle.

Fueron meses de calor de horno y marcha constante, de sed, de comer plantas amargas, de bañarse con barro, de evitar leones y de aprender hasta cierto punto ese idioma sin palabras.

Un día de truenos lejanos llegaron al cementerio repleto de cráneos, colmillos y costillares enormes. El grupo, quieto, guardaba silencio. Parecía un momento propicio para conversar y el cantor, en ese lenguaje mal aprendido y sin que nadie se lo pidiera, les contó a todos que estaba con ellos porque nunca había podido olvidar a una mujer lejanísima. Que nunca había dejado de amarla. Que daría la vida por revivir aunque más no sea unos minutos con ella.

Pacientemente le explicaron que viajar en el tiempo era muy simple. Bastaba con permanecer en ese mismo cementerio y disponer en círculo algunos objetos fáciles: ramas, piedras, huesos, algunas pieles de serpiente, acostarse en el centro del círculo, pensar únicamente en el tiempo al que quería ir y con quién quería estar.

Así fue que el cantor se encontró aquella noche con ella, en esa ciudad, décadas antes. Se estaban despidiendo. Tuvieron un sexo torpe y después:

- No te vayas, no me dejes.

Él le secaba las lágrimas, mintiéndole que se iba a quedar para siempre.

Rogando en silencio, ella se aferraba a su cara, a su pelo, a su ropa.

La trompa de la matriarca lo estaba sacudiendo, casi con delicadeza.

- Ya está, se acabó, se viene la lluvia y tenemos que seguir.

El cantor quiso contarle, pero ella marcó cada palabra.

- Todo queda en vos. A mí no me interesa.

El grupo apuró el paso y él quiso seguirlos, pero lo pararon en seco.

- Aquí te quedás -dijo la matriarca- Viajar en el tiempo tiene su precio. Y donde vamos ahora no hay cabida para cantores de tango. Pero ya se sabe, tenemos la mejor memoria del mundo: aunque no nos importes para nada, nunca podríamos olvidarnos de vos y cada año, antes de las lluvias, vendremos a visitarte.

Lo destrozó con sus patas y sus colmillos.


La orquesta consiguió un cantor nuevo que al tiempo se casó con la violista.

viernes, 5 de mayo de 2017

CUATRO POR OCHO

El cantor engominado se plantó frente al micrófono y dijo:

- Fuiste el amor de mi vida y me importa un carajo.

Ante los bailarines y la orquesta, saltó del escenario y a paso firme salió de la milonga por la puerta principal.


martes, 28 de febrero de 2017

GOLFO EN EL NORTE

Golfo en el norte,
noche sin luna y luces
que en la ribera
reflejan su distancia,
palpitan en el agua.

Un hombre solo
no duerme en su refugio.
Observa el cielo,
un deseo lo inunda,
una sola esperanza.

¿cómo salir del antro sellado?
¿cómo escabullirse a través de las paredes 
salpicadas de llanto, de sangre, de ilusiones perdidas?
¿cómo combatir el huracán en silencio?
¿cómo sumergirme en el color de tu iris?
¿qué brújula, qué mapa de piratas 
me guiarán a tu isla?

El hombre sabe:
más allá del deseo
no hay esperanza.

Sólo la aurora,
con su luz de sepulcro,
viene a buscarlo.



USTVARI

la noche anterior a tu muerte, dijiste muchas cosas sin sentido aparente, dirigidas a la nada: yo pensaba que la morfina, que

repentinamente me llamaste y me preguntaste si conocía un lugar que se llamaba Ustvari

te contesté que me sonaba a Europa Oriental, a los Balcanes, que yo podría averiguar, que

pero ya no me escuchabas, seguías con tu discurso agonizante como si no hubieras

a la mañana siguiente me diste un abrazo, el último, tan lúcido y tan fuerte a pesar de

todos estos años pensé siempre en Ustvari, cada día, cada

busqué pero no había nada, le pregunté a búlgaros, rumanos, croatas, gitanos, húngaros, turcos pero no tenían idea, busqué en y busqué por

Ustvari existe, es una aldea entre montañas y tiene una placita con una fuente minúscula donde las mujeres van a

sé que en un momento cada vez mas cercano me iré a Ustvari, porque el universo tiene sus leyes y sus

con una sonrisa me estarás esperando junto a la fuente, nos tomaremos del hombro y nos iremos por ahí, como cuando

ACCIDENTE CON MURCIÉLAGO

El Murciélago en el cielo, el auto a más de 200, imaginabas que el viento te prometía algo.

Vinieron murciélagos translúcidos, pequeños como gorriones, querían tus lágrimas antes que el viento las secara, te rodearon la cabeza y no viste el camión.

Volaste hasta el Murciélago, que sin amor y sin odio te envolvió con sus alas y con una bruma negra. Morir te hizo ver desde el otro extremo del telescopio, desde el fondo de algo que ya no pudiste llamar memoria. 
Sentiste tu inexistencia, esa revelación sin nadie a quien contarla.
Y el tiempo,
esa máquina inservible.
Y la sonrisa de la mujer de tu vida,
irrecuperable como los sueños.
Y la soledad,
esa constante.
Y el amor, 
ese invento.


Después de segundos o siglos, la bruma se disolvió. Si pudieras hablar nos contarías que finalmente la soledad no te hace infeliz, que donde estás no hay figuras translúcidas en el cielo: es azul y límpido y te deja ver más allá del horizonte.

SOY VIEJA, SOY FEA

Era la época en que las figuras en el cielo todavía eran noticias que salían en los diarios. Yo vivía con mis padres y dos gatos, tenía doce años y estaba muy ocupado conmigo mismo, fascinado por los pelos que aparecían en mis piernas, en otras partes del cuerpo y fumando a escondidas.

Esa mañana me lavé la cara y me asomé al balcón; igual que los días anteriores, seguía la Guitarra en el cielo. Fui al comedor y vi a papá sentado a la cabecera de la mesa mirando su desayuno con mala cara. Se sentía su impaciencia. Mamá estaba recostada en el piso, con la cabeza apoyada en el regazo de papá y una expresión tristísima y desolada de la cual, yo ya sabía, ella tenía plena conciencia. El silencio era total, y ellos dos, inmóviles, parecían un grupo escultórico.

Tomé lo más rápidamente posible mi café con leche, dije un chau sin respuesta y me fui al colegio.

Cuando volví, noté dos valijas en el living. Mamá lloraba fuerte en el dormitorio y papá se afeitaba. Le pregunté:

- ¿Adónde te vas?

- Y a vos qué te importa

Al rato tomó sus valijas y se fue dando un portazo que hizo que mamá llorase a los gritos. La puerta cerrada del dormitorio me ahorró el esfuerzo de entrar a verla: su llanto me exasperaba. Me encerré en mi cuarto a leer, pero el llanto estridente de mamá no me dejaba concentrar. Después paró de llorar y entró a mi cuarto sin golpear. Desde la puerta, mirándome fijo, gritó:

- ¡Soy vieja, soy fea!

Se colgó de mi cuello, llorando de nuevo y gritando soy vieja soy fea. Ella no era vieja ni fea, pero yo tenía edad suficiente para darme cuenta de que papá se había ido con una mujer más joven y más linda. La abracé débilmente sin saber qué hacer ni qué decir. 

Lo de soy vieja soy fea duró varios días. A veces, mamá se sentaba al piano y tocaba un rato, pero cuando empezaba a golpear el teclado con los puños yo salía de casa, me juntaba con los dos amigos que tenía o deambulaba solo.

Papá me dio su nueva dirección y un domingo fui a visitarlo. En la calle, pequeñas guitarras traslúcidas hacían ronda alrededor de la cabeza de la gente, yendo y viniendo. No sonaban como guitarras, hacían un ruidito muy débil, como arena cayendo sobre papel.

Papá ocupaba un departamento muy oscuro con unos cuadritos kitsch en las paredes que me hicieron llorar. Me puso la mano en el hombro.

- Vení, bajemos a tomar algo.

En el bar hice preguntas, vas a volver, por qué te fuiste, con quién voy a vivir. Papá contestaba con evasivas hasta que se impacientó y empezó a tratarme mal. No me quiero acordar de las cosas que dijo. De repente, me tomó de las manos, apoyó la frente en ellas murmurando perdoname perdoname. Yo estaba mudo y me sentía igual que cuando mamá se me había colgado del cuello. Me levanté para irme y papá amagó un abrazo que pude esquivar.

Cuando entré a casa, mamá estaba acostada, leyendo. Me miró un segundo para decir hola y siguió con su revista.

No dormí en toda la noche. Me entretuve hojeando libros, revistas y fumando en el patio de los gatos.

Cuando salí del cuarto ya amanecía. Mamá dormía con la luz encendida y la revista sobre el pecho. 

Salí al balcón y entonces vi algo que mucho después me dijeron que era un privilegio: en el cielo, la Guitarra se disolvía como vapor y en su lugar se iba formando un pájaro enorme que abría sus alas al sol. El Pájaro me hizo saber con esas alas que la-vida-recién-empezaba-y-que-el-misterio-que-me-esperaba-guardaba-una-promesa.

En ese momento, le creí.




DEPARTAMENTO EN VENTA

· dormitorio colchón en el piso se despierta en la penumbra madrugada o crepúsculo, da lo mismo · sala amplia tropieza con cosas, ...